viernes, 28 de noviembre de 2014

L'amour fou

Por mí,
por todos mis compañeros,
y por mí el primero.

Amour fou es una expresión francesa que significa amor loco. Se refiere, naturalmente, al amor disparatado que se puede sentir por una persona que no te conviene, que no te quiere, que te va a destruir.
El amour fou tiene una dosis de obsesión y de fascinación que no se puede resolver, que sabes que te va a matar y dejas que te mate.
El amour fou es un amor destructivo, es un amor malo, feo, sucio, pero apasionante, necesario, vital y mortal.
En un buen amor los amantes crecen, se construyen mutuamente, se ayudan, se apoyan. En el amour fou se destruyen, se destrozan, se humillan, se hunden.
Bendito sea el buen amor, ¡pero ay de quien no haya vivido jamás un amor loco!

Egon Schiele, El abrazo (Pareja de amantes II), 1917

En este blog siempre estamos proclamando nuestro amor por la arquitectura (y por otras cosas de la vida, pero siempre damos vueltas en torno a la arquitectura). Pues bien, hoy toca dedicar la entrada al amour fou por la arquitectura.
Amour fou por la arquitectura es ver Blade Runner y emocionarte al descubrir que sale la casa Ennis, o dar un salto al ver el Pabellón de Barcelona en un anuncio de la tele, o ahora, al enterarte de que le han dado el Cervantes a Juan Goytisolo, recordar que hace más de treinta años leíste Señas de Identidad, de la que no recuerdas absolutamente nada, salvo que mencionaba de pasada a Le Corbusier. Amour fou es ir al dentista y descubrir que la lámpara de la sala de espera es de Fulano (arquitecto), o que esa silla es de Mengano (arquitecto). Amour fou es pararte en una esquina porque te ha gustado un detalle, o andar por la calle mirando hacia arriba o hacia atrás, mirando antes un voladizo que a una chica guapa. Amour fou es pensar que la arquitectura puede salvar al mundo, cuando, para empezar, a ti te está matando.
Creo que tanto yo como la mayor parte de quienes leéis este blog estamos enamorados de la arquitectura. Pero siento deciros que no es un amor bueno. No estamos enamorados: Estamos obsesionados, absorbidos, encoñados, empollados, salidos, locos, zumbados, desquiciados, tronados por la arquitectura.

Oskar Kokoschka, Autorretrato con Alma Mahler, 1913

Nuestro amor por la arquitectura haría las delicias de un guionista de culebrones o de un novelista decimonónico. Es una pasión disparatada.
Ella no es buena, amigos. Nos mira desde allí arriba, inalcanzable, y se ríe de nosotros. Por ella nos humillamos y nos sometemos, pero jamás se entrega. Lo perdemos todo, como Sinuhé, y ella se burla y nos desprecia.

Francis Bacon, Dos figuras, 1953

(Por eso admiramos tanto a los grandes: Porque ellos sí la sedujeron. Y nos morimos de envidia, pero al mismo tiempo les dedicamos una encendida sonrisa: "¡Bien hecho, Frankie!" "Chapeau, Père Corbu!" "¡Ole tus huevos, Alvar!" Porque ellos sí que pudieron con la altiva y despectiva dama).

lunes, 24 de noviembre de 2014

De Divina Architectura

En la naturaleza no hay una sola línea recta, ni un círculo perfecto, ni un cubo, ni una esfera.
Hay muchas figuras que casi lo son, pero la materialidad estropea la pureza de la idea platónica.
La pirita cristaliza en cubos... casi perfectos. Los planetas son (casi) esféricos. Los juncos son (más o menos) rectos. Etcétera.
Se diría, con Platón, que la idea de la que proceden los objetos reales sí es perfecta, pero los objetos ya no lo son.
La arquitectura pretende lo imposible: Hacer objetos que respondan fielmente a una idea pura y abstracta. La arquitectura desafía a la cruda realidad y no acepta que siempre venga el tío Paco con la rebaja. No hay rebaja.

San Pedro del Vaticano. Planta.

Refugiarse en una cueva es algo natural, instintivo. Amontonar material (ramas, paja, hojas, pieles...) para meterse dentro, también. Lo que no es nada instintivo, ni nada natural, es trazar un ángulo recto así, para empezar, para mostrar los principios irrenunciables que uno profesa. ¿A santo de qué? ¿Tiene algo que ver trazar un ángulo recto con procurarse un refugio, un abrigo? No. Nada en absoluto.
Trazar un ángulo recto tiene que ver con otra cosa. Tiene que ver con ordenar el mundo. (Con intentarlo, al menos).

Triángulo 3, 4, 5.
Esto me lo enseñó un albañil en mi primera obra.
Yo me sabía el teorema de Pitágoras y él no, pero él sabía
hacer esto, que a mí no se me habría ocurrido jamás. 

Ser arquitecto implica tener una alta dosis de soberbia luciferina. Consiste en verse con fuerzas para desafiar al caos, y en tener una confianza ciega en la capacidad de crear orden.
(Caín fue expulsado del Edén y diseñó una ciudad).
Ser arquitecto implica estar convencido del poder demiúrgico de varias operaciones muy poderosas, y tener la osadía de llevarlas a cabo.
El arquitecto mide un terreno y se lo lleva a su estudio. (¡Se lo lleva a su estudio!). Allí dibuja, sobre la representación planimétrica de aquel terreno, la de un edificio. Baraja la organización en planta con las alturas y desniveles en sección, y busca el auxilio de croquis rápidos, monigotes, detalles y esquemas que muy a menudo le sacan de un callejón sin salida para meterle en otro.
Al cabo del tiempo el organismo artificial y artificioso toma entidad, funciona. Y finalmente se lleva de nuevo al terreno, de donde vino todo.
En el terreno se dibuja la silueta del edificio (y los ejes de estructura y otras referencias) a tamaño natural, para lo que se empieza por clavar una estaca y trazar un ángulo recto.
Con esa operación, aquel terreno irregular, natural, lleno de barro o polvo, o de árboles, ese terreno magmático, cósmico e inaprehensible, queda preñado de una criatura geométrica, que es fruto de una mente lógica que cree en líneas rectas y en figuras platónicas.
Eso es una pasada, una sensación indescriptible, un vértigo terrible.
Por supuesto que la pureza platónica nunca se consigue. La materialidad impide el triunfo de lo abstracto, del arquetipo. Pero esa materialidad le da a la arquitectura su peso y su dimensión. Es decir: Lo grandioso es el fracaso. Lo grandioso es aspirar a lo abstracto y quedar en lo concreto; aspirar a la perfección y asumir los errores y las limitaciones... para seguir aspirando a la perfección.

Tengo amigos (incluso inteligentes) a quienes no les parece que lo más fantástico que se puede ser en esta vida es ser arquitecto. No lo puedo entender.
En fin; hay gente para todo. Supongo que habrá quien crea que curar enfermedades o dar de comer a la gente también tiene algún mérito.


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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Hurbanismo (y II)

(La primera parte de esta entrada ha superado todas mis previsiones. Ya dije que ahí estaba todo lo que sabía sobre el asunto, pero también prometí -insensato- extenderme un poco en los dos corolarios que enuncié. Así que voy a divagar sobre ellos).

Cuando me compré mi casa los intereses de los créditos hipotecarios estaban sobre el 15%. Hacia 1993 empezaron a bajar, y a bajar, y a bajar...
Parecía que por fin la gente se iba a poder comprar una casa con cierta comodidad, pero entonces el precio de éstas empezó a subir, y a subir, y a subir...
"Ellos" sabían hasta dónde se nos podía apretar el dogal, y cuántos centímetros de lengua podíamos sacar, así que siguieron teniéndonos a todos con la lengua fuera. De manera que la bajada del esfuerzo pagador causada por la de los tipos de interés se compensó automáticamente, como si hubieran abierto una compuerta entre dos recipientes, con la subida de los precios.
(A esto se refieren cuando dicen que el mercado se autorregula. Qué cabrones).

Por otra parte, siempre se había pensado que la vivienda era la mejor inversión posible, porque nunca bajaba de precio, pero ahora se generó la expectativa de que cualquiera podía ser propietario, y se inventaron hipotecas a treinta años, a cuarenta, a los que hicieran falta, para que todo el mundo se embarcara en la compra de una casa. Daba igual que fuera carísima; tú sólo tenías que fijarte en cuánto tenías que pagar al mes, y la verdad es que con unos intereses muy bajos y muchísimos años de amortización tu pago mensual era asumible (aunque te pasaras media vida pagando sólo intereses, sin devolver apenas nada de capital).
Los ciudadanos eran felices. Todo era maravilloso.


Dos dibujos de El Roto en la época del boom.

Ya, ¿pero por qué las casas eran tan caras? Pues porque una casa no es ninguna tontería. Porque una casa requiere el trabajo de mucha gente durante mucho tiempo, y muchos materiales caros... ¡Mentira! Con esa explicación no cubres ni la mitad del precio de tu casa.
Un avión a reacción sí es caro, y un diamante de tropecientos quilates, y un robocop. ¿Pero una casa?
Y lo que más costaba de la casa era el suelo, que, como dije el otro día, en realidad es algo que cuesta poquísimo.
Un diamante cuesta mucho porque hay muy pocos, pero suelo hay para aburrir, y encima las leyes del suelo lo fueron liberalizando y "facilitando" para que costara menos, pero iba costando más cada vez.
¿Por qué? Vamos a hablar de cómo se calcula el valor de un suelo por el... (tranquilos; sed fuertes)... ¡método del valor residual!

1.- El método del valor residual. ¿Cómo calcularíais el número de ovejas que hay en un rebaño? Me refiero a un gran rebaño, a un rebaño enorme, con un número abrumador de ovejas que no se pueden ni contar.
Pues muy fácil: Contáis las pezuñas y dividís entre cuatro.
¿Os parece absurdo? Pues con el valor del suelo se hace una cosa tan absurda o más.
Se parte del precio de venta de la vivienda. (¿Por qué? ¿Por qué sabemos perfectamente el precio final de venta de una vivienda si no sabemos el precio de uno de sus componentes, que encima es el más caro con diferencia?). De ese precio final de venta le vamos descontando todo lo que interviene, cuyo importe conocemos perfectamente (beneficio del promotor, gastos financieros, licencias, notaría, honorarios de diversos profesionales, coste de la construcción...) y lo que queda es el valor del suelo.
Estupendo. ¿Pero cómo es posible -repito- que sepamos el precio de una vivienda antes de saber el de uno de sus componentes?
Esto en sí mismo es una monstruosidad. El precio de la vivienda no es analítico, aditivo (como el de un avión, un diamante o un robocop). No parte del precio de sus componentes. Por el contrario, es un precio previo porque es meramente un precio especulativo. El precio de la vivienda es un "porque sí".
¿Cómo es posible que se sepa lo que cobra cada profesional, lo que cuesta cada ladrillo y lo que supone la licencia de obras, el estudio geotécnico y el laboratorio de control y no se sepa cuánto cuesta un solar? Pues por lo que dijimos el otro día: Porque el solar, de por sí, no cuesta nada (o casi nada), y se agarra al valor de expectativa. El solar es el pelotazo. Un bien que cuesta muy poco dinero y que, por arte de birlibirloque oportunista puede llegar a costar una fortuna.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Puesta de largo de Necrotectónicas

El martes que viene, 18 de noviembre, a las 13:30 h, se hará la presentación de mi libro Necrotectónicas.
El acto tendrá lugar en la

Escuela de Arquitectura de la Universidad de Castilla-La Mancha (eauclm)
Campus Tecnológico de la Fábrica de Armas
Edificio 21. Zona Franca
Avenida Carlos III, s/n. Toledo


Cartel anunciador del acto. (Si lo clicas lo podrás ver más grande)

Me van a hacer el gran honor de acompañarme y presentar mi libro (hablando muy bien de él, naturalmente):

D. Juan Ignacio Mera González, doctor arquitecto, profesor de proyectos y director de la escuela.
D. Santiago de Molina, doctor arquitecto, profesor de proyectos en el CEU y autor de numerosos libros y del prestigioso blog Múltiples estrategias de arquitectura, del que éste es un declarado seguidor.
D. Carlos Asensio-Wandosell, arquitecto, profesor de proyectos en la eauclm.
D. Juan García Millán, arquitecto, profesor de proyectos en el CEU, director de la revista Constelaciones y editor de Ediciones Asimétricas.

Se hablará de mi libro, naturalmente, pero creo (espero y supongo) que también hablaremos de arquitectura, de arquitectos, de muertes, de cotilleos y de todo lo que surja. La verdad es que todos los intervinientes son grandes y amenos conversadores.
Creo que lo pasaremos muy bien.

Invitación

Que la Escuela de Arquitectura de Toledo acoja y auspicie este acto es un inmenso honor. Reviste a mi humilde (y díscolo) libro de una importancia académica que me abruma.
El acto tendrá un claro color escolar y vendrán bastantes alumnos, con el entusiasmo y la pasión que tienen siempre. Será algo muy estimulante.
(Pero en cambio perderá parte de su dimensión "social". Sé que para muchos esa hora es muy mala y no vais a poder venir, mientras que si fuera por la tarde-noche estaríais libres y sí podríais).
Entenderé perfectamente a los que no podáis asistir, pero a los que podáis os agradeceré muchísimo que os acerquéis y me acompañéis en este trance.
Me gustará mucho ver caras conocidas, aunque intentaré sentir también el aliento y el apoyo de los que no estéis. Sé que estaréis en espíritu.
(Mentira cochina. Ya está bien de ser educado y buenrollista: A quienes no vengáis os apuntaré en mi libreta especial, ¡y ay de vosotros!).


(Como comprenderéis, esta entrada se ha colado porque se tenía que colar. Era necesario. Quienes os habéis quedado esperando la segunda parte de Hurbanismo la tendréis un día de estos. Gracias por vuestro interés y por vuestra paciencia).

viernes, 7 de noviembre de 2014

Hurbanismo (I)

(Unas cuantas observaciones deslavazadas basadas en mi experiencia personal).

Prólogo 1: El suelo (urbano) no vale nada. Por el límite oriental del término municipal de mi pueblo (Seseña) pasa el Río Jarama, que forma una vega muy fértil. Esas tierras han sido muy cotizadas desde la prehistoria, pues el Jarama lleva un caudal muy estable y el regadío está garantizado. Hay pocas heladas y todo se muestra benigno para la agricultura.

El Río Jarama en el término de Seseña. Foto: Ferpatillas

El maizal. Foto: Priedepriede
(Este es de Navarra, pero es exactamente igual que los de mi pueblo)

Los antiguos seseñeros establecieron el pueblo a unos siete kilómetros de distancia de esa magnífica vega. No la iban a estropear construyendo casas. Éstas fueron construidas (naturalmente) en el peor sitio posible para la agricultura: en un pedregal de yeso. El suelo que no valía para otra cosa se usaba para construir.

Seseña, hacia 1960. Foto obtenida gracias a la labor encomiable de mi paisano
y tío segundo Pepe Cholela. Desde la torre de la iglesia mirando hacia el este.
Al pie se ve la plaza, y la calle de La Vega se aleja. 4 Km más allá (de suelo de secano)
pasa la carretera de Andalucía y el terreno va descendiendo otros 2 o 3 Km hasta el Río Jarama.

La gente rica tenía mucho terreno de regadío en la vega y mucho más de secano en el llano. La gente algo más pobre tenía algunas tierras de secano, en la parte alta, entre la vega y el pueblo. La gente aún más pobre no tenía tierras y trabajaba a jornal. Pero todos tenían enormes parcelas en el casco urbano: El terreno en el que hacer la casa costaba infinitamente menos que una tierra de labor de secano (y no digamos que una pequeña huerta de regadío). En realidad apenas costaba algo. Y si las zonas más céntricas estaban ya ocupadas, se hacía uno la casa en las afueras y ya está.
Recuerdo la casa de mis abuelos: No tenía ni baldosas. El suelo era de tierra apisonada y cal, que mi abuela regaba todas las mañanas asperjando con la mano el agua de un cubo. El tejado era de tejas sobre cañizo. Las paredes eran de canto y barro. La electricidad había venido después: Las paredes estaban recorridas por cables trenzados con aislamiento tejido, las bombillas colgaban de casquillos desnudos y se encendían y apagaban con interruptores de pellizco.
Era la casa más pobre que uno pudiera imaginar, y sin embargo daba por detrás a un patio enorme, en cuyo fondo había una cuadra donde había habido una mula, y encima de la cuadra había una cámara para el grano. Un auténtico laberinto inextricable para jugar. Un paraíso.
En la parcela que ocupó la casa de mis abuelos, ya demolida, están hoy las casas de tres de mis tías, tres buenas casas, cada una de ellas con su buen patio.
Es decir: Un matrimonio medio, algo más pobre que rico, tenía un solar que hoy sólo se podría permitir un millonario.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Feliz cumpleaños, Don José Antonio

Hoy es el nonagésimo tercer aniversario del nacimiento de José Antonio Corrales, uno de los más grandes arquitectos españoles del siglo XX.
Con tal motivo varios tuiteros amantes de la arquitectura están haciendo hoy reseñas, citas y homenajes en twitter.
Uno de ellos, @museoes (a quien desde hoy empiezo a seguir) ha puesto estas dos fotografías:



Y las ha acompañado con este lacónico texto: "Mientras tanto, Casa de Campo..."
Se trata del magnífico Pabellón de España en la Expo de Bruselas de 1958, que diseñó con su compañero y socio durante muchos años Ramón Vázquez Molezún, y que es una de las diez obras más importantes de la arquitectura española del siglo XX, y del que ya hablé una vez aquí.
(He dicho "una de las diez" por decir algo. Estoy seguro de que si hacemos una encuesta entre arquitectos españoles para que voten las diez mejores obras realizadas en el siglo ésta será una de las seleccionadas. Y tal vez entre las cinco mejores también).
El pabellón, un prodigio de economía conceptual, de ingenio y de "pura arquitectura" fue tan estupendo que al terminarse la Expo fue desmontado y reconstruido en la Casa de Campo de Madrid (adaptándose al nuevo emplazamiento, porque una de sus virtudes era que se podía adaptar a cualquier topografía).
Y nuestras autoridades culturales, que tanto aman la cultura patria, llevan desde entonces velando por él.
Qué vergüenza y qué indignación tan grande.
Spain: mierder country.

jueves, 23 de octubre de 2014

Soneto a Frank O. Gehry


El afamado arquitecto Frank O. Gehry le ha dedicado esta peineta en Oviedo, donde ha ido para recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, a un periodista que le ha preguntado por su "arquitectura espectáculo".
Aquí le dedico yo, con todo mi cariño, un soneto de desagravio.


Qué pregunta te han hecho, qué pregunta,
querido Frankogehry, qué canallas.
Menos mal que tú en esto no te callas:
Tu dedo corazón alzó la punta.

Que si tu obra mundial se descoyunta
en gestos y posturas, como Fallas,
y que si tú te cuelgas las medallas
que te dan gentes de razón difunta.

Indignado, tú has hecho una peineta,
oh, glorioso, grandísimo arquitecto.
Di que sí, que se vaya a hacer puñeta

quien así ha criticado tu trayecto.
Esta gente no sabe, no interpreta.
Oh, tú, divino, libre de defecto.


(Si has sentido mucha vergüenza ajena y no quieres que vuelva a escribir un soneto nunca más, clica el botón g+1 que está aquí debajo. Muchas gracias).